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Marta Rodríguez, ganadora del Premio Nacional “Toda una vida dedicada al cine

- Mincultura 2008”

Cuarenta años de labor fílmica y una gran reputación como documentalista, fueron razones suficientes para otorgarle a la bogotana Marta Rodríguez el Premio Nacional ‘Toda una vida dedicada al cine’, del Ministerio de Cultura.

Víctor Nieto, fundador del Festival de Cine de Cartagena, recibió Mención Honorífica.

Luego de recibir ocho postulaciones de prestigiosos integrantes del sector cinematográfico del país, un jurado conformado por el investigador social Alberto Abello Vives, el crítico cinematográfico Hugo Chaparro Valderrama y la gestora cultural Amparo Sinisterra de Carvajal, eligió a la cineasta Marta Rodríguez como ganadora del Premio Nacional ‘Toda una vida dedicada al Cine - Mincultura 2008.

Según el acta del jurado, “este premio es un merecido reconocimiento a una mujer que ha dedicado más de cuarenta años de su vida a la creación, promoción y educación del cine documental. Su trayectoria es un ejemplo de perseverancia y supervivencia como cineasta. Durante años venció las circunstancias adversas, incluso antes de que existiera la industria fílmica en el país, logrando consolidar un extenso y valioso testimonio visual de la realidad más marginada de Colombia”.

Desde sus inicios en 1968, Marta Rodríguez realizó un cine basado en la representación directa de la realidad del país, empleando el arte como un medio de transformación social. Desde entonces, Rodríguez ha sido fiel a sus conceptos originales, basados en su formación como antropóloga, su estilo y su técnica.

“Marta Rodríguez es una documentalista de importancia absoluta para el cine colombiano. Desde su primera película, Chircales (1968), su método de trabajo definió un estilo que transformó al cine documental tanto en Colombia como en la aproximación que en Latinoamérica se hacía sobre la realidad de la región”, afirma el jurado.

Según la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, “este premio es el reconocimiento a una mujer que a través de su obra ha defendido a los marginados y a los olvidados en nuestro país. Marta le dio imagen y sonido a la dura realidad de las comunidades indígenas y afrodescendientes, a las mujeres trabajadoras y a los habitantes de los barrios marginales en las grandes ciudades”.

Para David Melo, director del Cinematografía del Ministerio de Cultura, la obra de Marta Rodríguez marcó a toda una generación y Chircales es sin duda una de las películas más importantes del cine colombiano, motivo por el cual este es también un reconocimiento al documental como género.

“Marta realizó una obra de denuncia pero nunca olvidó su compromiso estético, su búsqueda a través de la puesta en escena y de una ejemplar fotografía de una estética de la resistencia cultural en medio de las más duras condiciones sociales”, afirmó Melo.

A lo largo de su carrera, la principal preocupación de Rodríguez ha sido la defensa de los Derechos Humanos. Al conocer la noticia del premio, la cineasta recordó a Camilo Torres, su maestro sociólogo, quien la llevó a Tunjuelito a ver los niños de los Chircales; a su maestro y amigo Jean Rouch, quien le enseñó a amar el género documental; a su pareja Jorge Silva, cómplice de aventuras; a su hijo Lucas, y al joven y valiente Fernando Restrepo, quien arriesgó su vida en Urabá para realizar junto a ella una trilogía sobre el desplazamiento y la guerra en el país.

“Hoy que miro hacia atrás esta obra que he construido durante cuarenta años de mi vida, veo que he recogido la memoria de cuatro décadas del país, una memoria que puede ser muy oportuna en este momento de crisis de valores éticos y morales”, afirmó la documentalista.

Sobre Marta Rodríguez

Marta Rodríguez nació en Bogotá en 1938. Viajó a Barcelona en 1951 con la intención de estudiar filosofía, pero optó por la sociología, en plena España franquista. En 1957 llega a París donde hace contacto con los círculos obreros. Al año siguiente regresa a Colombia e ingresa a la naciente Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, donde conoce al sacerdote Camilo Torres y con él desarrolla trabajos de campo en Tunjuelito.

En 1961 viaja a París nuevamente, decidida a estudiar cine y etnología. En el Museo del Hombre conoce a quien considera su maestro, el documentalista francés Jean Rouch, trabaja los postulados del cinéma vérité y participa del movimiento documental liderado por el mismo Rouch, Joris Ivens y Edgar Morin.

Su obra está constituida por los siguientes títulos:


- Chircales, de Marta Rodríguez y Jorge Silva (1964-1971): filmada desde el año 1966 al sur de Bogotá, donde existían grandes haciendas cuyos dueños arrendaban sus tierras a la población campesina que se refugia en estas zonas suburbanas huyendo de la violencia, y que sobrevivía gracias a la producción artesanal de ladrillos

- Planas. Testimonio de un etnocidio, de Marta Rodríguez y Jorge Silva (1971): documental sobre la masacre de Planas, en los Llanos Orientales, a causa de la organización de los indígenas en una cooperativa. Una denuncia a la operación militar que produciría el desplazamiento de la población.
- La voz de los sobrevivientes, de Marta Rodríguez y Jorge Silva (1980): homenaje a Benjamín Dindicue, líder páez asesinado en 1979. También es una denuncia ante Amnistía Internacional que busca evidenciar cómo la recuperación de tierras les ha costado la vida de los líderes indígenas.


- Nuestra voz de tierra, memoria y futuro, de Marta Rodríguez y Jorge Silva (1974-1980): la película fusiona el registro documental y la puesta en escena. Muestra el proceso de un grupo indígena que va de la sumisión a la organización y a la lucha por la supervivencia como cultura.


- Amor, mujeres y flores, de Marta Rodríguez y Jorge Silva (1984 - 1989): denuncia cómo los pesticidas prohibidos en países industrializados son exportados a América Latina. Muestra el origen de la industria de las flores en la Sabana de Bogotá, la explotación de la mano de obra femenina y las graves alteraciones en la salud de las mujeres generadas por la peligrosidad de los pesticidas.


- Nacer de nuevo, de Marta Rodríguez (1986 - 1987): es la historia de María Eugenia Vargas y Carlos Valderrama, dos ancianos que habitaban a la rivera del río Gualí hasta su desbordamiento por la avalancha de volcán nevado del Ruiz en noviembre de 1985, cuando fueron alojados en carpas junto a las familias afectadas por el desastre de Armero.


- Amapola: La flor maldita, de Marta Rodríguez y Lucas Silva (1994 - 1998): comunidades indígenas realizan acuerdos para acabar con cultivos ilícitos, el Gobierno incumple y ellos se ven obligados a seguir sembrando amapola, de esta manera entra la guerra del narcotráfico a sus territorios y se pone en peligro su cultura.


- Los hijos del trueno, de Marta Rodríguez y Lucas Silva (1994 - 1998): este documental trata sobre las implicaciones de los cultivos ilícitos en las comunidades indígenas del Cauca y en el mundo místico de los nasa kiwe, pues la avalancha del río Páez es interpretada por sus médicos tradicionales como un llamado de la tierra que se siente agredida por la deforestación y los cultivos de amapola.


- La hoja sagrada, de Marta Rodríguez (2001): este documental revela el problema de las fumigaciones en los cultivos ilícitos, que perjudica a las comunidades indígenas transformando sus costumbres y necesidades. Es un acercamiento a la comunidad indígena de Guambía (Cauca).


- Nunca más, de Marta Rodríguez y Fernando Restrepo (1999 - 2001): la situación en la que se encuentran los desplazados viola su dignidad como seres humanos, su derecho a la vida, a la seguridad y a la igualdad. Este documental muestra los testimonios de las comunidades del Urabá antioqueño y chocoano que fueron víctimas de los actores armados en Colombia: guerrilla, paramilitares y ejército.


- Una casa sola se vence, de Marta Rodríguez y Fernando Restrepo (2003 - 2004): en Colombia la intensidad de la guerra produce mil desplazados por día. Esto genera una nueva geografía, acumulación de la tierra en manos de paramilitares y narcotraficantes. El documental es un testimonio de Marta Palma en el año de 1999 en Turbo, Urabá, donde vivieron tres años las comunidades afrocolombianas desplazadas.


- Soraya, amor no es olvido, de Marta Rodríguez y Fernando Restrepo (2006): al interior de un convulsionado proceso de desarme paramilitar en Colombia, se desarrolla una historia de resistencia que tiene como protagonista a Soraya Palacios. Ella, una valerosa madre de seis niños, que tuvo que dejar su tierra natal después del asesinato de su esposo Simón a manos de los paramilitares, se ve desplazada en Turbo con sus pequeños, hacinada en un coliseo deportivo y después en un barrio muy pobre de la ciudad. Este documental narra la vida de las viudas de guerra que se agruparon en una asociación llamada Clamores y ésta es la segunda historia de una de sus integrantes.

Para mayor información, comuníquese con

Oficina de prensa

Ministerio de Cultura

Catalina Hoyos – Marcela Salazar

Teléfono: 3424100 Ext: 3147- 1139


Informes:

www.martarodriguez.org


 
 
 
     
     
     
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