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A 10 aÑos del asesinato de Jaime Garzon |
"HAY GENTE CON MUCHO PODER DETRAS DEL ASESINATO
DE JAIME GARZON"
Hace 11 años asesinaron al periodista y humorista Jaime Garzón. Marisol, su hermana, lo recuerda como un gran pedagogo que le enseñó a pensar al pueblo colombiano.
Marisol Garzón, hermana del periodista Jaime Garzón, aseguró que es un paso importante la vinculación de José Miguel Narváez, ex subdirector del DAS, a la investigación, pero afirma que hay personas 'poderosas' comprometidas en el crimen.
Es ilegal
La periodista colombiana Claudia Julieta Duque fue amenazada en 2001 y tuvo que exiliarse por un tiempo. Luego se ha exilado otras dos veces.
En su caso parece clara la relación entre sus investigaciones sobre el crimen de Garzón y la persecución en su contra.
El Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, en cambio, es parte civil en muchos de los más sensibles casos de violaciones a los derechos humanos en Colombia.
Pero Duque comentó a IPS que "gran cantidad de los correos electrónicos interceptados a Alirio Uribe Muñoz (director del Colectivo) corresponden a nuestras comunicaciones sobre el caso Garzón", según los materiales incautados por el CTI.
Duque comenzó a sospechar en 2001 de que existían archivos de inteligencia contra ella.
Interpuso una tutela, y la Corte Constitucional ordenó en octubre de 2008 al DAS, a la policía y a otros cuerpos de inteligencia entregarle toda la información acopiada ilegalmente, con excepción de la que eventualmente estuviera bajo reserva del sumario en un proceso judicial. No era ese el caso.
La Corte dictaminó que los organismos de inteligencia no pueden recopilar información privada, a menos que una orden judicial señale que la persona ha cometido un ilícito. De lo contrario, tomar esa información, mantenerla en reserva y archivada en bases de datos del Estado es ilegal.
El DAS aseguró inicialmente que no existía ningún material de inteligencia sobre Duque. Después entregó 1.008 folios, la mayoría cartas cruzadas entre el organismo y los abogados de la periodista. El 11 de junio, Duque interpuso un incidente de desacato para que se cumpla la orden de la Corte.
En cada aniversario de su muerte los noticieros de televisión repiten sus ácidas parodias políticas que lo convirtieron en un ídolo de la gente.
El día de su asesinato, los transeúntes bogotanos lloraban por la calle, incluso curtidos hombres del pueblo de mediana edad, educados en que las lágrimas son sólo cosa de mujeres.
La sentencia callejera de entonces también sigue vigente: "lo mataron porque decía la verdad".
Garzón fue baleado cerca de la emisora donde trabajaba, en el occidente de Bogotá, por sicarios que se desplazaban en moto.
Según el Proyecto contra la Impunidad de la Sociedad Interamericana de Prensa, "Garzón habría descubierto que algunos miembros de la Brigada XIII (del ejército) en Bogotá vendían armas e incluso personas secuestradas a la guerrilla de las FARC", las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, alzadas desde 1964.
El crimen adquirió un nuevo giro a raíz del escándalo del espionaje ilegal del principal organismo de inteligencia nacional, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).
Fue el senador Gustavo Petro, del izquierdista Polo Democrático Alternativo, quien trazó relaciones entre ese asesinato y los espionajes y sabotajes ejecutados durante años por el Grupo Especial de Inteligencia 3 (G-3) del DAS.
El escándalo estalló en febrero, cuando la prensa reveló esas acciones contra magistrados, opositores, defensores de derechos humanos, pacifistas, líderes sociales y periodistas.
La consecuente pesquisa del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI), policía judicial de la Fiscalía General de la Nación, para establecer quiénes en el DAS filtraron la información a la prensa, resultó una caja de Pandora.
En un informe a los fiscales al que tuvo acceso IPS, el CTI resumió miles de folios de archivos del G-3 designados como "ultrasecretos" y organizados en 104 carpetas tipo A-Z.
El 9 de este mes, con apenas unos 18 de los 102 senadores en el recinto, Petro condujo un debate en el que expuso el documento del CTI, agregando elementos recabados por su oficina. Recibió poca atención de la prensa, aunque fue transmitido en directo por televisión.
UN HOMBRE DE LA SEGURIDAD NACIONAL
El senador se concentró en las actividades del G-3, creado por José Miguel Narváez, si bien dicho grupo nunca figuró en el organigrama del DAS.
Economista y consultor de empresas, Narváez asesoró desde fines de los años 90 al Ministerio de Defensa sobre el secuestro, un delito muy frecuente en este país que lleva casi medio siglo de guerra interna.
Narváez asesoraba a la Brigada XIII cuando, al inicio del gobierno de Álvaro Uribe en 2002, su nombre sonó para dirigir una central de inteligencia que proyectaba el presidente.
Pasó luego a asesorar a Jorge Noguera, director del DAS entre agosto de 2002 y noviembre de 2005.
Desde allí, y con pleno conocimiento de Noguera --según las actas estudiadas por el CTI--, Narváez creó el G-3, cuya existencia fue negada por el DAS hasta marzo de este año.
En junio de 2005, Noguera nombró a Narváez subdirector nacional del DAS. Al poco tiempo, ambos salieron de la entidad enfrentados, ante escándalos por sus aparentes vínculos con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), milicias paramilitares de ultraderecha creadas supuestamente para combatir a la guerrilla.
Noguera, preso y en espera de juicio, negó el 23 de este mes ante el fiscal general Mario Iguarán haber tenido relación con el G-3.
Cuatro ex jefes paramilitares han señalado a Narváez como una de las figuras principales en el organigrama de estos grupos de ultraderecha, "y como eslabón central que unía el paramilitarismo a las elites políticas del país", recordó a IPS Iván Cepeda, portavoz del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice).
Narváez ha sido mencionado como miembro del "Grupo de los Seis" que, según el extinto comandante paramilitar Carlos Castaño, estaba conformado por "verdaderos patriotas", "nacionalistas" y "personajes de todo respeto y credibilidad" que usaban cierto símbolo, que no describió, cuyo significado era "sociedad que se defiende".
Ese grupo, al que Narváez niega haber pertenecido, decidía a quién ejecutar y a quién no de las listas que les pasaba Castaño, según relató el propio comandante de las AUC en el libro "Mi confesión", de 2001.
Dos ex jefes paramilitares hoy extraditados a Estados Unidos recuerdan a Narváez como uno de los máximos ideólogos e instructor de las AUC, que les dictaba una cátedra titulada "Por qué es lícito matar comunistas en Colombia", y como instigador de los asesinatos de los periodistas Garzón y Manuel Cepeda, éste último también senador comunista y padre del portavoz del Movice.
Narváez fue catedrático de las escuelas de guerra y de inteligencia del ejército y, según Cepeda, "asesor del gobierno del presidente Uribe en asuntos de seguridad nacional". Hoy es funcionario de la Federación Colombiana de Ganaderos.
"A pesar de estas graves acusaciones, y de estar involucrado en el espionaje contra destacadas figuras del país desde los organismos de seguridad del Estado, la Fiscalía General de la Nación aún no investiga estas denuncias", agregó Cepeda.
Narváez está llamado a indagatoria por el espionaje ilegal del G-3.
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| HERMANO DEL PRESIDENTE URIBE IMPLICADO EN PARAMILITARISMO! |
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Santiago O’Donnell
Periodista – Tomado de www.pagina12.com.ar
Excelentísimo presidente de la República de Colombia
Don Álvaro Uribe Vélez
Señor Uribe, perdone la molestia. Me tomo el atrevimiento de hacerle llegar estas líneas atento a la airada reacción que han tenido usted y altos funcionarios de su Gobierno ante la difusión pública que ha tenido el testimonio del mayor retirado de la Policía Nacional Juan Carlos Meneses Quintero. Como usted sabe, el mayor Meneses acusó a su hermano menor, Santiago Uribe Vélez, de armar y dirigir a un grupo paramilitar en los años ‘90. El testimonio también lo salpica a usted, ya que según el testigo usted estaba al tanto y/o apoyó dichas actividades.
Disculpe que me haya dado por aludido el jueves pasado cuando usted tildó de “idiotas útiles” a los activistas por los derechos humanos Adolfo Pérez Esquivel y Javier Giraldo que facilitaron el testimonio en Buenos Aires y a los periodistas del diario The Washington Post que lo difundieron en Estados Unidos. Es que yo presencié ese testimonio, y ese testimonio salió publicado primero en este diario.
Entonces quería escribirle para darle la tranquilidad que la entrevista con Meneses y su testimonio se publicaron porque son de un valor periodístico innegable y no por otra razón. Usted dijo que quienes difundimos el testimonio de Meneses fuimos serviciales a los intereses de los narcoterroristas. Pero no fue por el accionar psicológico de los narcos que la noticia tuvo tanta difusión en Colombia. Después de ocho años de Seguridad Democrática no me va a decir que, además de Página y el Post, las FARC manejan también a los medios colombianos, incluyendo el multimedios propiedad de la familia de su excelentísimo señor vicepresidente. Sin embargo, todos se hicieron eco de la noticia.
Es que, señor Uribe, vamos, hay que decirlo, sobre su hermano Santiago pesa un estado de sospecha. El testimonio de Meneses no cayó del cielo. Se inserta en un contexto que es bueno recordar. Su hermano es un importante hacendado de Antioquia, donde prácticamente nacieron las bandas paramilitares, y muy cerca de la finca de su hermano operó un sanguinario escuadrón de la muerte conocido como los Doce Apóstoles. Es bien conocido, usted lo sabrá, que los escuadrones paramilitares fueron creados por hacendados y empresarios para combatir con métodos ilegales la guerrilla y la delincuencia, y que esos grupos se vincularon con fuerzas militares y de seguridad a través de los políticos locales. En los tiempos de los Doce Apóstoles usted fue senador por y luego gobernador de Antioquia. La estrategia de los paramilitares de aliarse, o para usar un término suyo, “penetrar” la clase política colombiana fue muy exitosa. Si lo sabrá usted: cerca de un tercio del Parlamento y varios gobernadores y alcaldes, incluyendo su primo Mario, están presos o bajo proceso por sus vínculos con los paramilitares. Casi todos son o fueron aliados suyos.
Volviendo al estado de sospecha que pesa sobre su hermano, no es que simplemente estaba en el momento justo, en el lugar justo, y en las condiciones ideales como para gestar y financiar una formación paramilitar. Seguramente no todos los hacendados asediados por la guerrilla en los ’90 respondieron a la amenaza con escuadrones de la muerte. Hasta es posible imaginar que los Doce Apóstoles hayan limpiado a los enemigos de Santiago y (de los demás hacendados) de gusto nomás, por iniciativa propia. Pero hay más.
Santiago Uribe ya había sido investigado dos veces como presunto cabecilla de los Doce Apóstoles, por la Fiscalía de Antioquia en 1998 y por Fiscalía General en el 2002. En ambos casos se dictó una falta de mérito o auto inhibitorio, como dicen ustedes allá, porque las fiscalías consideraron que no había suficientes pruebas para procesar o sobreseer a su hermano. El año pasado el dirigente opositor Gustavo Petro intentó abrir una investigación parlamentaria por el mismo tema pero no consiguió suficientes votos. Usted dirá: lo investigaron dos veces porque los fiscales son idiotas útiles del narcoterrorismo, y lo acusaron en el Congreso porque el narcoterrorismo penetró la bancada parlamentaria del Polo Democrático.
De hecho el testimonio de Meneses corrobora los dichos de un testigo de identidad reservada que figuran en el expediente judicial de los crímenes de los Doce Apóstoles. El testigo secreto sería un agente que habría servido de nexo entre la policía local y los paramilitares. Meneses era el jefe directo de este testigo y el responsable de la seguridad de toda la zona, amén de un oficial de alto rango de la institución policial. Dada la situación en que se encontraba, bajo cualquier parámetro de razonabilidad, hay que admitir que se trata de un testigo clave.
Y como bien apuntó el fiscal general de su país, Guillermo Mendoza Diago, al ser consultado sobre la situación de su hermano hace un par de días: “Cuando hay resoluciones inhibitorias y sobreviene una prueba, la obligación del funcionario correspondiente es revocar dicha resolución e iniciar una investigación según lo que amerite esa nueva prueba”. De sus dichos se desprende que Mendoza Diago reabriría la investigación de su hermano, sumándose así a su extensa lista de idiotas útiles al servicio del narcoterrorismo. Le recuerdo que Santiago Uribe nunca ha sido juzgado aún por los crímenes de los Doce Apóstoles, por lo que su derecho a no ser juzgado dos veces por el mismo crimen está prácticamente garantizado.
Está bien, es cierto, su hermano y su vicepresidente se encargaron de recordar esta semana que Meneses había sido pasado a retiro por problemas legales y/o disciplinarios, dando a entender que es un testigo poco confiable. Yo lo entrevisté y le confieso que no le compraría un auto usado. Pero Meneses cobraba la pensión militar, sus causas judiciales se habían archivado y tenía un negocio informático que andaba bien. Todos sus afectos están en Colombia.
¿Qué necesidad tenía de exiliarse, pasar a la semiclandestinidad y autoincriminarse a riesgo de pasar años en la cárcel? ¿Qué necesidad tenía de confesarle a sus hijos que él es un asesino que mató y mandó a matar por orden de Santiago Uribe? ¿Todo eso por un puñado de dólares de los narcos? ¿Dónde y con quién iba a disfrutar ese dinero?
¿Y cómo hizo Meneses para convencer a los idiotas útiles de Naciones Unidas de que le dieran status de refugiado en Venezuela porque su vida corría peligro en Colombia? ¿Los miembros de los Doce Apóstoles que han muerto en circunstancias poco claras en los últimos años, se hicieron matar a propósito, para que Meneses tuviera una excusa para escaparse del país?
Qué sé yo. Hay que reconocer, señor presidente, que su jefe de Policía, el general Oscar Naranjo, estuvo rápido de reflejos. No bien salió publicado mi artículo citó al coronel Benavides, ex jefe directo de Meneses, para un interrogatorio. Meneses me había dicho que tiene una grabación secreta de Benavides donde el coronel avala la denuncia contra su hermano y contra usted. La cosa es que Naranjo salió del interrogatorio del coronel con un hallazgo: el testimonio de Meneses había sido comprado por un grupo narco llamado “los cambas”. El coronel no hizo declaraciones pero no importa: con lo que dijo Naranjo alcanzó para que usted, su hermano, su vice y su candidato en las elecciones de hoy salieran a difundir la idea de que Meneses es un agente del narcoterrorismo.
Lo que no termino de entender es lo que dijo su hermano. Explicó que el testimonio de Meneses fue armado para influir en la campaña electoral. Pero resulta que mientras su candidato se cansó de hablar del tema, el principal candidato de la oposición lo ignoró por completo. Entonces, más que de idiotas útiles habría que hablar de idiotas inútiles, porque instalamos un tema en la agenda mediática supuestamente para perjudicarlo a usted, señor presidente, pero el tema lo termina capitalizando su candidato, el candidato oficialista.
Ojo que a mí no me molesta. Siempre digo que bastante difícil es hacer periodismo como para querer cambiar el mundo. Si la información vale, lo que se haga con ella o se deje de hacer ya no es mi problema.
No hace falta que diga que considero a su hermano inocente hasta que se demuestre lo contrario. Eso se da por descontado. Tampoco me compro todo lo que dijo Meneses, aunque todo lo que dijo me resulta creíble por el contexto antes mencionado. Pero me parece que no se puede negar que se trata de un testigo clave. Acusa a su hermano de asesino y a usted de cómplice. Dice que estuvo reunido con Santiago Uribe en presencia de otros testigos “unas cinco o seis veces”. Aporta datos sobre hechos, nombres y lugares en minucioso detalle, datos que podrían ser corroborados con inspecciones oculares, careos, documentos y demás diligencias judiciales para saber si dice o no la verdad. Ya verá el fiscal si conviene reabrir la causa.
Si no, hay otras instancias a las que tanto su hermano como los familiares de las víctimas de los Doce Apóstoles pueden acudir en busca de justicia. Usted sabe que tanto la fiscalía de la Corte Penal Internacional con sede en La Haya como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con sede en San José de Costa Rica han realizado visitas a Colombia durante su mandato e informado sobre serias deficiencias en el funcionamiento de la Justicia de su país, sobre todo en zonas de conflicto. Es un mandato del derecho internacional que cuando las condiciones no están dadas para llevar a juicio a personajes importantes en un determinado país, las cortes internacionales tienen la obligación de intervenir y juzgar a los acusados.
Convengamos que su decisión de extraditar a Estados Unidos a los principales jefes paramilitares justo cuando empezaban a revelar sus contactos con políticos y militares no dejó muy bien parada a la Justicia colombiana. No es un detalle menor que la Corte Suprema recién se enteró de las extradiciones cuando los paras ya estaban arriba de un avión en vuelo a Florida.
Por todo lo antedicho, señor Presidente, permítame la osadía de ofrecerle un consejo. Me parece que en casos como éste no conviene sacar conclusiones precipitadas sobre la salud mental de quienes difunden ciertos testimonios. Es posible que algunos no sean tan idiotas como usted piensa.
Saludos.
sodonnell@pagina12.com.ar
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