|

CONFRONTACION
GRAVE: PRESIDENTE CONTRA LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
|
En el
radar de la Corte 33 congresistas
Por:
Redacción Judicial EL ESPECTADOR
Alto
tribunal indaga si algunos parlamentarios que votaron a favor de la
reelección también recibieron prebendas del Gobierno, como Yidis.
El 22
de septiembre de 2005, durante la revisión del acto legislativo que
aprobó la reelección presidencial inmediata, el magistrado de la Corte
Constitucional Jaime Córdoba Triviño puso en discusión de la Sala Plena
un asunto candente. Según él, para aprobar el acto legislativo, 71
parlamentarios que tenían familiares ocupando altos cargos en el
Ejecutivo incurrieron de manera irregular en un carrusel de absoluciones
para eludir un posible conflicto de intereses al votar la reforma
constitucional.
Una
congresista que se declaró impedida “por haber logrado que el Gobierno
invirtiera en su región” fue Yidis Medina Padilla. Hoy se sabe que las
cuotas burocráticas que recibió en entidades del Magdalena Medio por
parte del Gobierno se dieron como contraprestación a su voto favorable a
la reelección. Así lo sentenció la Corte Suprema de Justicia en su
condena y en las que les impuso a los ex parlamentarios Teodolindo
Avendaño e Iván Díaz Mateus. Y, contrario a lo que pudiera pensarse, la
investigación de la yidispolítica en la Corte, lejos de terminar, avanza
con un súbito impulso.
Tal
parece que la Corte está decidida a destapar los otros “yidis” y
“teodolindos” que han pasado de agache y que también habrían recibido
prebendas del Ejecutivo por haber votado la reelección. En ese contexto,
en la sentencia contra Díaz Mateus el alto tribunal dejó entrever que la
yidispolìtica está lejos de tener un punto final y no descartó que
podrían ser vinculados otros congresistas al proceso.
El Espectador conoció
que la Corte, efectivamente, está adelantando averiguaciones en este
sentido y que tiene en la mira, por ahora, a 33 parlamentarios que le
dieron su bendición, en 2004, al acto legislativo que aprobó la
reelección.
“Yidis Medina y Teodolindo Avendaño son apenas la punta de lo que
ocurrió”, dijo una fuente que conoce el proceso. Investigadores de la
Corte revisan a los 71 congresistas que, según el magistrado Jaime
Córdoba, “burlaron el régimen constitucional del conflicto de intereses”
porque tenían familiares en altos cargos de la Rama Ejecutiva cuando
votaron la reforma constitucional. Y, en concreto, se indaga si después
de haber apoyado la iniciativa gubernamental se vieron beneficiados por
el Ejecutivo de alguna manera.
El Espectador
supo de tres ex congresistas que están en el radar de la Corte: Jaime
Alejandro Amín, Jorge Luis Caballero —condenado por nexos con
paramilitares— y Tony Jozame Amar, actual embajador de Colombia en
Brasil, quien podría verse abocado a dar explicaciones sobre
nombramientos de personas cercanas a él y a su corriente política en
Caldas. Por ejemplo, el 23 de noviembre de 2004, Guido Echeverri,
director de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP),
renunció a su cargo. Veinte días más tarde fue nombrado su reemplazo,
Mauricio Arias, ex alcalde de Manizales y antiguo asesor de Jozame.
Arias
fue investigado en 1997 por una compra de lotes de forma aparentemente
irregular y un fiscal seccional de Manizales le impuso detención
preventiva. En 1997 la Caja de Vivienda Popular de ese municipio firmó
un contrato para comprar 59 hectáreas con el propósito de construir
viviendas de interés social en los lotes conocidos como Santa Ana y San
Sebastián. El contrato tenía un valor de $7.000 millones. La Fiscalía
encontró anomalías en la contratación, que se habría efectuado sin
realizar estudios periciales. Aún así, Arias fue nombrado como director
de la ESAP.
En
principio, este nombramiento no tendría nada de sospechoso, habida
cuenta que Jozame votó negativamente la reelección. Incluso, en sus
declaraciones públicas, durante la primera vuelta del acto legislativo,
se pronunció en contra del proyecto. Sin embargo, para la segunda vuelta
de la discusión de la reforma, Jozame pidió un permiso para ausentarse
unos días del Congreso y, curiosamente, su reemplazo votó favorablemente
la reelección. Como si fuera poco, Michael Jozame, su hermano, figura
como asesor del programa de paz y desarrollo de Acción Social y, al
parecer, ha firmado tres contratos con esta entidad, que revisan con
lupa los investigadores.
La
lista sigue. Jaime Alejandro Amín, ex representante a la Cámara por
Atlántico, tendría que dar explicaciones sobre dos nombramientos de
familiares en cargos del Ejecutivo. Su esposa, Claudia Margarita
Betancur, se posesionó como notaria sexta de Barranquilla para la época
del debate reeleccionista. Y su cuñado, Javier Ernesto Betancur, fue
nombrado por el Gobierno en el consulado de Asuntos Generales en Nueva
York. Amín, además, es el actual secretario general de la Gobernación de
Atlántico.
URIBE
VS CORTE SUPREMA
Esta semana quedó claro que la guerra entre el
gobierno y la Corte Suprema entró en una fase de alta peligrosidad
para el país. Tras más de dos años de refriega entre estos dos
colosos del Estado, en los últimos días ambos bandos parecen haber
pasado del tapete rojo de la diplomacia al cuadrilátero de boxeo.
Pero ¿qué es lo que está en juego? ¿Qué hay detrás de cada una de
las maniobras del gobierno y de la Corte en los últimos días?
El lunes el país madrugó con un extraño comunicado expedido por la
Unidad de Información y Análisis Financiero (Uiaf), adscrita al
Ministerio de Hacienda. Extraño no sólo por la hora y las
circunstancias en que fue publicado –en la noche del domingo y en el
portal de Internet de la Casa de Nariño–, sino también por su
contenido. Habla de “operaciones sospechosas de lavado de activos o
financiación del terrorismo” y a renglón seguido menciona que
“podrían verse involucrados algunos magistrados”.
Por la falta de detalles, pocos entendieron lo que quería decir el
comunicado. Ese lunes en la mañana, todas las cabezas de los
tribunales cerraron filas y cada una a su turno respondió a través
de los medios. El presidente del Consejo de Estado, Rafael Ostau de
Lafont, fue el más directo, dijo que el comunicado “evidencia el
propósito de desacreditar a la rama judicial y afectar la integridad
moral” de los magistrados. El presidente de la Corte Suprema,
Augusto Ibáñez, comentó que era una “columna de humo”. Y la
presidenta del Consejo de la Judicatura y vocera de toda la rama
judicial, María Mercedes López, dijo que se trataba de un “problema
de Estado”.
¿Por qué la Uiaf no hizo una declaración como ésta el año pasado
cuando, según admitió su propio director a SEMANA, hizo seguimiento
a las cuentas de los magistrados y a sus estados financieros por
petición del DAS? ¿Por qué, además, hace pública justamente ahora
una información que recolectó en aquella época?
Aun más. Una de las “operaciones sospechosas” de las que habla la
Uiaf sin citarla, según reveló El Espectador, consiste en un
depósito que hizo el presidente del Consejo de Estado, por 2,2
millones de pesos, en la cuenta de Ascencio Reyes, un polémico
empresario que no tiene ninguna tacha judicial, pero sobre quien
recaen “sospechas” porque compró una finca en sociedad con un hombre
que luego fue extraditado. ¿Es suficiente este episodio para poner
en la picota al magistrado De Lafont?
Como si fuera poco, el fiscal general, Mario Iguarán, también dejó
al descubierto una serie de incongruencias en el proceder de la Uiaf:
en primer lugar, dijo que era un informe viejo, que incluso cuando
fue remitido a la Fiscalía por primera vez, en septiembre del año
pasado, ya había sido filtrado tres meses antes a El Espectador y a
El Tiempo. Y clavó una puntilla final al decir que como la Uiaf
envió ese informe “sin que un fiscal lo hubiera solicitado y sin que
lo reportara como operación sospechosa”, la Fiscalía en ese momento
no halló mérito para enviarlo a la Comisión de Acusaciones de la
Cámara.
El comunicado de la Uiaf no fue la única artillería que utilizó el
gobierno. Ese mismo lunes, el ministro de Protección Social, Diego
Palacio, acusó a la Corte Suprema de Justicia de estar politizada. Y
para rematar la semana, la Comisión de Acusaciones del Congreso les
abrió investigación a los magistrados mencionados en el informe de
la Uiaf y, de paso, anunció que revisaría si hacía lo mismo con el
fiscal Iguarán por no haber remitido el informe a dicha Comisión en
ese momento.
Ya el jueves de la semana pasada, el choque entre la Casa de Nariño
y el Palacio de Justicia había llegado a tal punto, que el
Procurador General se ofreció como mediador para bajarle la
temperatura, pero su ofrecimiento llegó tarde, pues ese mismo día
los presidentes de las altas Cortes y el vicefiscal general
aprovecharon una reunión de la rama para hablar del tema y
decidieron mermarle el volumen a la refriega.
“Nosotros no podemos meternos a pelear en el terreno de la opinión
pública porque ahí perdemos”, le dijo a SEMANA uno de los asistentes
a la reunión que duró casi seis horas. “Dejaremos que cada una de
las investigaciones siga sus cauces jurídicos naturales, la de las
supuestas irregularidades de algunos magistrados por un lado y la de
las ‘chuzadas’ y los seguimientos a magistrados, por otro”.
Mayo negro
La arremetida del gobierno contra la Corte, de la semana que pasó,
no es gratuita. En esta lógica del toma y dame es la respuesta a las
investigaciones de la Corte Suprema en las semanas anteriores. En
circunstancias normales se podría creer que son decisiones producto
de la dinámica de su trabajo y sin intención política. Pero en medio
de un ambiente polarizado, así sean inspiradas en los más nobles
fines de la justicia, hay un grave problema de lo que los gringos
llaman timing.
Entre el 28 de mayo y el 3 de junio, la Corte Suprema tomó tres
decisiones jurídicas que no pudieron caer en peor momento político.
La condena de seis años al senador Iván Díaz Mateus, por presionar
en 2004 el voto de la entonces congresista Yidis Medina a favor de
la reforma que dio vía libre a la primera reelección del presidente
Álvaro Uribe. La condena de ocho años de cárcel al ex congresista
Teodolindo Avendaño por haber recibido dádivas del gobierno para
ausentarse del Congreso el día de la votación de dicha reforma. Y,
como si eso fuera poco, les abrió investigación preliminar a 86
congresistas que fueron denunciados por haber votado el pasado 17 de
diciembre el referendo sin que éste haya cumplido un supuesto
requisito que es el del aval del Registrador Nacional.
Como en el caso de la Uiaf, también caben preguntas para la Corte
Suprema. ¿Por qué si la demanda contra los 86 congresistas llegó el
15 de enero, apenas ahora, cinco meses después, les abren
investigación preliminar? ¿Por qué lo hacen justo cuando apenas
quedan pocos días para la aprobación definitiva del referendo para
la reelección presidencial en el Congreso, y la participación de los
congresistas investigados es definitiva en esa votación? ¿Es una
casualidad que en una misma semana se conozcan los otros dos fallos,
los de las condenas de Teodolindo y Díaz Mateus, que parecen ser
fiel retrato de lo que les puede esperar a los 86 congresistas
investigados por votar el referendo?
Los voceros de la Corte Suprema dicen, por ejemplo, que la
investigación de los 86 congresistas no la abrió la Corte, sino que
es una decisión autónoma de un solo magistrado. Sin embargo,
cualquier explicación es insuficiente para despejar las suspicacias
del mundo político cuya paranoia está a flor de piel.
Desde cuando llegó Augusto Ibáñez a la presidencia de la Corte
Suprema, a comienzos de mayo, el tribunal tomó nuevos bríos. En sus
entrevistas de presentación, Ibáñez se mostró bastante tranquilo
sobre la confrontación con el alto gobierno y fue enfático en que no
dudaría en pedir la intervención de la ONU para que se garantizara
la independencia judicial. Ese anuncio se concretó el jueves 14 de
mayo, cuando la Corte Suprema en pleno pidió la presencia en el país
del relator de la ONU para la independencia judicial. Para ese
entonces, y tampoco ahora, las Cortes no han tenido respuestas
satisfactorias de parte del gobierno Uribe sobre las chuzadas y los
seguimientos ilegales que agentes oficiales hicieron a los
magistrados.
Esa solicitud disparó las alarmas de la Casa de Nariño. Y la
reacción fue casi inmediata. El 20 de mayo, en una salida inusual,
el ex alto consejero de Paz del gobierno y hoy presidente de La U,
Luis Carlos Restrepo, desempolvó una denuncia que entabló contra
todos los magistrados de la sala penal de la Corte Suprema el 27 de
junio del año pasado.
Esa demanda, curiosamente, es el resultado de un verdadero carrusel
de información. En ella cita información contra los magistrados
publicada por las revistas SEMANA y Cambio y por la columnista de El
Tiempo Salud Hernández. Pero esa información, según se ha venido a
conocer en los últimos meses, la había recolectado el DAS por
solicitud de la Casa de Nariño y luego fue filtrada a los medios. Y
Restrepo la recogió de los medios para elaborar su denuncia.
La denuncia de Restrepo coincide con el comunicado de la Uiaf del
pasado domingo y con la decisión de la Comisión de Acusaciones a
abrirles investigación esta semana a los cuatro magistrados
salpicados. En los tres asuntos, si bien es necesario que el juez
del caso se encargue de aclarar la responsabilidad de los
magistrados, parecía haber un interés de minar el prestigio de la
Corte.
El origen del problema
Este es uno de los capítulos más agudos de un choque que se
comenzó a gestar hace ya casi dos años, cuando la Corte Suprema de
Justicia se convirtió en una piedra en el zapato para los intereses
del gobierno del presidente Uribe o de sus allegados. La primera
alarma sonó en Casa de Nariño en julio de 2007, cuando la Corte se
negó a firmar un documento para permitir que 19.000 paramilitares
fueran juzgados por delito político y no por concierto para
delinquir. Uribe dijo en ese entonces que la negociación con los
paramilitares quedaba “herida de muerte”.
Pero el verdadero punto de quiebre ocurrió en septiembre de ese año,
cuando la Corte llamó a indagatoria a Mario Uribe, primo del
Presidente y compañero de fórmula política por muchos años. Después
de ese episodio se vinieron como en cascada escándalos que dejaron
muy mal parado al alto gobierno, como el de ‘Tasmania’ y la visita
de ‘Job’ a la Casa de Nariño, porque con el paso del tiempo quedó
claro que se trataba de montajes contra la Corte. Y aún queda
pendiente el pleito penal del primer mandatario contra el entonces
presidente de la Corte Suprema, César Julio Valencia, iniciado a
principios de 2008.
A pesar de las incomodidades de los magistrados, todo había quedado
en una especie de calma chicha hasta febrero de este año, cuando una
investigación de SEMANA dejó al descubierto las interceptaciones
telefónicas y los seguimientos ilegales del DAS a los magistrados de
la Corte. Se empezó a deshilvanar entonces una trama oculta: que
esos seguimientos sirvieron para filtrar información a los medios
para tratar de enlodar la imagen de la Corte Suprema (como el caso
de un chárter que pagó Ascencio Reyes para llevar a los magistrados
a un homenaje a Neiva).
El gobierno ha insistido en que si bien las ‘chuzadas’ y los
seguimientos no se hicieron por todos los cánones legales, tenían
una razón de ser y era corroborar si presuntos narcotraficantes
(como el socio extraditado del señor Ascencio Reyes) estaban
metiendo sus tentáculos en la Corte.
Pero si se trataba sólo de hacer una pesquisa para salvar a la Corte
de la mafia, ¿por qué los indicios recogidos en un primer momento no
fueron remitidos a las autoridades competentes, sino que terminaron
en manos de los medios de comunicación? Así pasó por lo menos en los
casos del chárter a Neiva y de los informes de la Uiaf ya
mencionados.
Democracia en peligro
El escalonamiento de la guerra no declarada entre las altas Cortes
de la Justicia y el gobierno –y ahora el Congreso– no sólo puede
resquebrajar los cimientos de la democracia, sino que puede dejar
secuelas irreversibles. Para entender la dimensión del pulso de
poder es necesario analizarlo en tres ámbitos distintos: el
político, el jurídico y el institucional.
El político es el que más chispas genera, pues todas las decisiones
son vistas de lado y lado como actos de agresión y de venganza, y no
como producto de una lógica judicial o legal.
En esta pugna el Presidente tiene al pueblo, y las altas Cortes, la
ley. Mientras la Corte Suprema avanza en sus investigaciones
judiciales y acumula su acervo probatorio, el presidente Uribe apela
cada vez más a un Estado de opinión.
Desde cuando se radicó en el Congreso el referendo para la
reelección, en octubre del año pasado, según
http://www.lasillavacia.com ,
el presidente Álvaro Uribe ha mencionado en 103 discursos el
concepto del “Estado de opinión”. El cual definió hace unos días
ante los príncipes de Asturias de la siguiente manera: “Colombia
está en la fase superior del Estado de Derecho, que es el Estado de
opinión. Aquí las leyes no las determina el presidente de turno.
Difícilmente las mayorías del Congreso. Todas son sometidas a un
riguroso escrutinio popular, y finalmente a un riguroso escrutinio
constitucional”.
Como si eso fuera poco, con el paso de los meses se han ido sumando
aliados a cada uno de los bandos. De manera que de un lado se ha
acercado la Fiscalía a las cuatro altas Cortes: la Corte Suprema, la
Corte Constitucional, el Consejo de Estado y el Consejo Superior de
la Judicatura. Y del otro, el gobierno, sus agencias y sectores
importantes del Congreso. “Nunca había percibido un resentimiento
igual de la rama (judicial) con el Ejecutivo”, dice un alto
magistrado. Y en los pasillos del gobierno y el Capitolio el temor y
la desconfianza sobre la cúpula de la Justicia cunden en dosis
similares.
Sin embargo, el debate político no puede opacar los motivos
jurídicos que subyacen en esta contienda. Es necesario que se aclare
el capítulo de las ‘chuzadas’ y de los seguimientos por parte de
agentes del DAS y las pesquisas de la Uiaf a magistrados de las
altas Cortes ¿Cuál era el motivo? ¿Quién las ordenó? ¿Qué tanto
sabían en el Palacio de Nariño? ¿Estaba enterado el Presidente? Son
preguntas que aún están sin responder.
Así mismo, es indispensable que se investigue a fondo qué
responsabilidad les cabe a los cuatro magistrados cuyos nombres por
uno u otro motivo han sido puestos en tela de juicio. Pues algo va
de un magistrado que giró 2,2 millones de pesos en la cuenta de un
empresario, a otro que recibió dádivas de un hombre que está
detenido en Italia por narcotráfico.
Ahora, el manto de duda que recae sobre un puñado de magistrados no
se puede convertir en caballito de batalla para desprestigiar a
todas las Cortes: tiene que ser investigado y sancionado, si es del
caso, pero de ninguna manera deslegitima la labor de las Cortes, ni
mucho menos le resta importancia al escándalo de las ‘chuzadas’ que
involucra a altos funcionarios del gobierno.
Pero quizás el peor coletazo de este enfrentamiento es el
institucional. Un país con el flagelo de la violencia, las amenazas
de las guerrillas y las bandas emergentes, y con el negocio el
narcotráfico vivito y coleando, no puede darse el lujo de tener a la
cúpula del Estado lanzándose ganchos a la mandíbula.
Porque una cosa es la separación de poderes, que muchas veces genera
roces que son saludables para la democracia, y otra muy distinta es
el choque de trenes que puede producir desconfianza en las
instituciones. Un efecto más claro y preocupante es en la economía.
A la incertidumbre política por la reelección ahora se le suma una
inestabilidad institucional que no sólo dificulta la reactivación
económica, sino ahuyenta la inversión extranjera.
Y envía un pésimo mensaje a la comunidad internacional que, a pesar
de la cicatriz de violencia que ha estigmatizado al país durante
tantas décadas, ha valorado la fortaleza institucional. En su
reciente visita a Canadá el Presidente dijo, por ejemplo, que el
tema de las ‘chuzadas’ a los magistrados, la oposición y los
periodistas podía afectar el tratado de libre comercio con ese país,
que está bajo consideración del Parlamento canadiense.
Ante esta grave situación, es necesario que se desactiven los
prejuicios, las teorías conspirativas y las guerras de comunicados.
Y frente a unos hechos de una enorme gravedad, como las ‘chuzadas’
ilegales, es fundamental bajarle la temperatura mediática, pero al
mismo tiempo acelerar las investigaciones judiciales para encontrar
a los responsables de quienes tienen hoy al Establecimiento
enfrentado. Porque lo que ha ganado el Estado en el terreno militar
no puede perderlo en el institucional.
|
Primer festival
internacional de cine en Mompox |
 |
Al mando de Jota Mario Arbeláez,
Elmo Valencia (el Monje loco), y Armando Romero, este grupo de
jóvenes iconoclastas solían recibir a Gonzalo Arango, Eduardo
Escobar, X-504, Cachifo y Amilcar U., que bajaban de Medellín hasta
el Valle, y bajo la brisa fresca que descendía de los Farallones, se
reunían en el parque La María a leer a Camus, Sartre y a la
generación beat compuesta por Jack Keroauc y William Burroughs..
Leer mas>>> |
Un pasado perpetuo y un futuro
inperfecto |
 |
Así las cosas,
vivimos en una especie de pasado siempre
presente. Sólo 23 años después, emergen de
la penumbra del horror oficial de las
torturas en los calabozos militares, los
rostros de los empleados de la cafetería,
rescatados con vida del Palacio de Justicia
para ser desaparecidos en la seguridad de
las guarniciones militares. Forma trágica y
dolorosa de mancillar el imperativo de
Santander: “Las armas os han dado la
independencia, las leyes os darán la
libertad”. Leer mas>>>
|
|
|
Usted también es la mafia |
 |
Así, la fuerza moral
de Uribe no reside en la ética ni la ley, sino en el chantaje.
Y armado hasta los dientes con un intimidatorio arsenal de
información acerca de las relaciones de políticos, empresarios,
terratenientes y medios de comunicación, ¿porqué no arriesgar un
proyecto de ‘refundación de la patria’ desde la Presidencia de la
República?. Leer mas>>>
|
La nueva guerra fría
|
 |
La nueva Guerra
Fría reproduce la anterior entre las
tradicionales potencias de Occidente y las
antiguas potencias comunistas, Rusia y
China, ahora convertidas en pujantes
sociedades capitalistas a pesar del atraso
relativo del gigante asiático y de las
dificultades temporales de Moscú. Los
estrategas de Occidente lo saben y no cesan
de indicar el “peligro” que representan
tanto estos dos países como la pujanza de
los países emergentes Leer mas>>>
|
|
|
|
|