HRW PUSO EL DEDO EN LA
LLAGA
El proceso de
desmovilización de 37
grupos de las Auc que
adelantó el Gobierno
entre 2003 y 2007 ha
sido y es calificado por
el presidente Uribe y
miembros de su Gobierno
como exitoso porque
llevó a que más de
30.000 combatientes
dejaran las armas y se
comprometieran a entrar
en programas de
reinserción e
integración en la vida
civil. Sin embargo, la
organización Human
Rights Watch, HRW, no
piensa lo mismo y el
informe Herederos de los
paramilitares que hizo
público esta semana,
producto de dos años de
investigación y
seguimiento al proceso,
llega a conclusiones que
no precisamente
coinciden con las del
Gobierno. Según el
informe de 126 páginas
que fue presentado por
el director de la ONG,
José Miguel Vivanco, en
la desmovilización de
las Auc hubo fraude,
estructuras completas de
esa organización siguen
activas, las llamadas
'Águilas Negras'
existen, los sucesores
de los paramilitares han
tenido un impacto brutal
en la crisis humanitaria
y de derechos humanos, y
existe tolerancia de
miembros de la fuerza
pública, cuando no
alianzas, con las nuevas
bandas criminales. Según
HRW, en julio de 2009
estos grupos tenían
presencia en por lo
menos 173 municipios de
24 departamentos, y
están dedicados a
reclutar adolescentes y
desmovilizados para
"montar una sofisticada
organización a nivel
nacional".
"Una cuestión
especialmente preo-cupante
es que muchos de los
testigos con quienes
hablamos, señalaron que
en varias regiones
sectores de las fuerzas
de seguridad son
tolerantes con los
grupos que sucedieron a
las Auc", afirmó
Vivanco, quien agregó
que esos grupos están
cometiendo graves y
generalizados abusos
contra civiles
(masacres, ejecuciones,
violaciones sexuales,
amenazas, extorsión...)
y "han atacado y
amenazado en reiteradas
oportunidades a
defensores de derechos
humanos, sindicalistas,
personas desplazadas,
entre ellas
afrocolombianos que
luchan por recuperar sus
tierras, víctimas de las
Auc que buscan justicia
y miembros de
comunidades locales que
no aceptan sus órdenes".
La situación es
especialmente grave pero
aun así, según HRW, el
Gobierno no ha tomado
medidas contundentes y
efectivas. "No ha
destinado recursos
suficientes a las
unidades de Policía
encargadas de combatir a
estos grupos, ni al
grupo de fiscales
responsables de
investigarlos -señala el
informe-. No ha hecho
prácticamente nada por
investigar ni prevenir
posibles vínculos entre
los grupos sucesores y
los agentes del Estado o
las fuerzas de seguridad
pública. Y aún no ha
adoptado medidas
específicas para
proteger a los civiles
frente a esta nueva
amenaza". Para
completar el cuadro
clínico, HRW sostiene
que el Gobierno se ha
mostrado renuente a
asignar fondos
suficientes y en forma
oportuna al Sistema de
Alertas Tempranas de la
Defensoría del Pueblo, y
que en ocasiones
organismos del Estado
han denegado asistencia
a civiles desplazados
por esos grupos.
En resumen, el informe
de HRW no deja bien
parado al Gobierno al
que señala de ser
tolerante con
funcionarios y miembros
de la fuerza pública que
por acción u omisión son
cómplices de los grupos
sucesores de las Auc.
Las conclusiones de HRW
no son muy distintas a
las de varios analistas
e investigaciones
recientes de ONG y
centros de investigación
nacionales, que
coinciden en la
apreciación de que el
paramilitarismo no es
cosa del pasado y que
los nuevos grupos
criminales han ocupado
los espacios que dejaron
los bloques de las Auc
que se desmovilizaron, y
empiezan a repetirse
situaciones de violencia
y desplazamiento
similares a las del
pasado.
"El paramilitarismo no
se acabó e independiente
de cómo se denominen sus
sucesores están
generando graves
problemas humanitarios
-asegura el ex consejero
de Paz Carlos Eduardo
Jaramillo-. El
crecimiento de esas
organizaciones es
evidente y es, por
ejemplo, la razón del
desborde de la violencia
en las ciudades, y el
mismo Gobierno está
preocupado por ello".
Por su parte, el ex
canciller Augusto
Ramírez, miembro de la
Comisión Nacional de
Conciliación, sostiene:
"El problema se le salió
de las manos al Gobierno
desde el momento mismo
de la desmovilización,
la negociación con las
Auc fue deficiente y se
hizo a una velocidad
excesiva. Los resultados
están hoy a la vista".
El Gobierno no reconoce
que existan sucesores
del paramilitarismo y a
los nuevos grupos los
llama Bacrin o bandas
criminales emergentes al
servicio del
narcotráfico, entre los
cuales la Policía
identifica ocho grupos
principales: 'los
Urabeños', 'los
Rastrojos, 'el Erpac',
'los Paisas', 'los
Machos', 'Nueva
generación', 'el
Magdalena Medio' y
'Renacer', a quienes
según ellos han
combatido hasta la
saciedad.
Alfredo Rangel, director
de la Fundación
Seguridad y Democracia,
discrepa de las
conclusiones del informe
al que califica de
sesgado. Está de acuerdo
con el concepto según el
cual hay herederos de
los paramilitares y
asegura que las Auc,
como se conocieron en el
pasado, no volverán a
existir. "Las nuevas
bandas no son
contrainsurgentes que se
enfrentan a la guerrilla
y disputan la población
-dice Rangel-, sino que
incluso están aliadas
con la guerrilla por el
negocio del
narcotráfico".
Y en cuanto a que el
Gobierno no ha hecho
gran cosa para combatir
esos grupos, Rangel
asegura que la
apreciación es injusta.
"El Gobierno está
haciendo un esfuerzo por
capturarlos y
recientemente las
Fuerzas Militares
establecieron una
especie de bloque de
búsqueda para
ubicarlos".
El alto consejero para
la Reintegración, Frank
Pearl, por su parte
considera que hay una
política desde el
Gobierno para combatir
estas estructuras. "Este
Gobierno no ha sido
permisivo nunca ni con
la guerrilla ni con las
bandas criminales a
quienes las Fuerzas
Militares han combatido
con determinación
-dice-. Aunque los
resultados no son
perfectos hay muchísimos
avances. La muestra es
que este es un país más
seguro, con menos
desplazamiento, con
menos víctimas".