ELECCIONES PRESIDENCIALES:  Santos vs Mockus

Maquinaria Uribista contra Opinion ciudadana

 

 

EL FENOMENO MOCKUS

Por Hernando Gomez Buendia

A cuatro meses de las elecciones de 2002, Serpa tenía casi un 40% de la intención de voto y Uribe apenas llegaba a 5%. Pero entonces Uribe despegó, y en cuestión de semanas alcanzó a Noemí (hasta entonces segunda en las encuestas) para acabar ganando en la primera vuelta con el 53% de los votos. Traigo a cuento estas cifras porque recuerdan que en la política puede haber sorpresas que son el resultado de cambios imprevistos y masivos en el clima de opinión.

Los "palos" son por definición excepcionales; pero se han dado en tantas ocasiones y países que incluso existen libros y teorías sobre el "candidato sorpresa" y sobre "la bola de nieve" que lo impulsa. El proceso en cuestión no puede fabricarse ni copiarse, porque consiste en el "descubrimiento" repentino de la identidad de más y más votantes con el candidato minoritario, en una "química" emocional o simbólica que se contagia y se expande con una intensidad arrolladora.

En cosa de dos semanas, Mockus saltó de 9% a 22% o a 25% en las encuestas y alcanzó a Noemí, mientras que Santos se estanca (en 35%) o retrocede (a 30%): si la bola de nieve sigue rodando, Mockus será el próximo presidente.

Eso lo saben sus rivales, y por eso el golpe bajo que acaban de propinarle: la "noticia" de que Antanas padece una enfermedad cuyo nombre despierta las dudas más sombrías entre la mayoría de la gente. Por supuesto que los medios deben informar sobre el estado de salud de un candidato. Pero en los círculos periodísticos desde hace tiempo se sabía que Mockus sufre de párkinson en grado leve y que esto no afecta sus facultades mentales. La bajeza consistió en que la W "soltara la noticia" en el momento decisivo del proceso y con la intención de entorpecer la "química" que se viene fraguando en torno a Mockus.

En los próximos días se verá si la maniobra de Santos vía "Julito" le funciona, si los medios desvían el debate hacia la enfermedad de párkinson o si se ocupan de los temas de verdad. Porque la química que se viene fraguando no es un asunto fortuito ni episódico, sino que nace de fuentes más hondas: más y más gente reconoce en la candidatura Mockus al país civilizado y honesto que necesitamos y que tenemos el derecho de soñar. Así de simple.

Tan simple como que Mockus, Peñalosa y Garzón fueron -precisamente- los gestores y el símbolo de los doce años de progreso que tuvo Bogotá, y como que Fajardo hizo lo mismo y fue lo mismo en Medellín. Dicho en palabras simples: Mockus y su equipo son la ciudad o, más exactamente, la civilidad.

Después de ocho años de aplicación cerrada de un proyecto rural para un país urbano, la emergencia del Partido Verde y la candidatura Mockus vienen a ser la expresión inevitable -y ojalá indetenible- de la Ciudad(anía). Por resolver un problema del siglo XIX -el de llevar el Ejército a todo el territorio nacional- Colombia se había olvidado del siglo XX y por supuesto, del XXI. Las Farc han sido combatidas con firmeza, pero el respeto a la ley no ha aumentado. Creció la minería pero creció el desempleo. Tuvimos un "Estado de opinión" pero no una sociedad deliberante. Tuvimos más autoridad pero no menos corrupción ni politiquería. Tuvimos más seguridad pero no más justicia.

Y esto último bien puede ser el punto de quiebre: el uribismo consiste en ofrecer seguridad democrática; el mockusismo consiste en ofrecer seguridad ciudadana. El uribismo parecería ser -y es- inderrotable en tanto tenga el monopolio de la seguridad. Por eso Petro y el Polo naufragaron. Por eso Santos, Noemí y Vargas se disputan su grado de adhesión a la Seguridad Democrática. Pero también por eso Mockus y los verdes son la alternativa de fondo al uribismo: ellos tienen un modelo de seguridad -civilista y respetuoso de la ley- que mostró resultados contundentes en las grandes ciudades (casi el 80% del descenso total en homicidios se debió a Bogotá y Medellín).

Mockus tiene autoridad para ofrecer seguridad. Y sobre todo, tiene autoridad moral. Por eso está emergiendo como el candidato-sorpresa. También por eso le están montado la guerra sucia.

 

Por Maria Jimena Dusan

EL IMBECIL

 

Cada vez que un uribista me trata de explicar por qué en un país como Colombia no se puede elegir a un presidente como Antanas Mockus, mi admiración por la ola verde aumenta de manera considerable: "Antanas Mockus no me gusta porque es un idealista", me dijo el otro día un agradecido empresario uribista para quien la política eficaz es la pragmática, aquella que da resultados sin importar los métodos que se utilicen. "A mí no me gusta Antanas porque no es un tipo confiable", me confesó hace poco un senador de la coalición uribista, campeón como muchos de sus copartidarios en el arte del voltearepismo, en la compra de votos y en formalizar relaciones non sanctas con la mafia paramilitar. Plumas uribistas tan veteranas y contundentes como la de Plinio Mendoza consideran que Mockus no puede llegar a ser presidente porque es un loquito que pone todos sus huevos en el campo de la educación, de la cultura ciudadana y en el del cumplimiento de la ley -¡háganme el favor, semejante atrevimiento!-, en lugar de ponerlos en la cesta de la guerra contra el terrorismo de las Farc que es lo que toca.

Solo falta que Juan Manuel Santos salga a decir que Mockus es un imbécil porque este no encaja en su definición de lo que debe ser un político en Colombia -"es de imbéciles no cambiar cuando las circunstancias, cambian" fue la frase que sacó del birrete para justificar su laxitud en materia de convicciones políticas-, y lo acuse de ser un coherente irredento o de ser demasiado honesto consigo mismo para cerrar la cuadratura del círculo y convertir la ola verde en todo un tsunami político que podría arrasar con todo el uribismo. Pero no solo el fenómeno Mockus se le ha vuelto inmanejable a la coalición uribista. Tiene a los encuestadores locos al punto de que una firma mandó a repetir la encuesta al ver que Mockus salía punteando y al Polo sudando peto. El otro día oí decir a la vicepresidenta de ese partido, la doctora Clara López Obregón, miembro de una de las familias más representantivas del establecimiento político bogotano, que Antanas Mockus pertenecía a las élites y que no tenía ninguna base popular. Evidentemente Mockus no es un fenómeno en los estratos 1 y 2, pero me atrevería a decir que en esas esferas la doctora López Obregón es aún más desconocida que Antanas.

¿Qué es lo que en realidad encarna Mockus que tiene a todos los políticos de derecha y de izquierda de este país pariendo borugos?

Yo he terminado por creer que Mockus encarna unos valores éticos y democráticos que se han ido desarticulando en nuestra sociedad, en medio de tanta violencia y de tanto
desajuste social. De repente valores como la honestidad, la transparencia, la lealtad, el apego a la legalidad, se convierten en temas de campaña y vuelven a tener un significado importante en la agenda pública del país. Mockus, con su autoridad moral, consigue desplazar por primera vez en ocho años la diatriba uribista tan corta en imaginación como en vocablos. Por momentos uno podría pensar que el país está volviendo a sus cabales y que, a pesar de tantas cosas que le han ocurrido, no ha perdido la cordura, ni la fuerza, ni la esperanza.

Mockus, con su mensaje simple y concreto, no solo encarna un decálogo de virtudes éticas que son una rareza en estos tiempos. También encarna a una sociedad hastiada de muchas cosas: de las Farc y de su desdén por la vida humana, pero también de los insaciables políticos corruptos, sean de izquierda, de centro o de derecha; de las alianzas que la clase política ha ido fraguando con la mafia paramilitar concebidas en mala hora con el propósito de capturar los dineros del erario en sus regiones y de los excesos cometidos en estos ocho años de gobierno de Uribe en nombre de la seguridad democrática, de las equivocaciones del Polo y del desgaste del Partido Liberal.

El ascenso de Mockus en las encuestas, así no lo crean los uribistas, demuestra que esta sociedad repudia hasta los tuétanos los 'falsos positivos', que no se olvida de la Yidispolítica, y que repudia la forma como el gobierno Uribe utilizó el DAS para perseguir y amenazar a los opositores, a los periodistas críticos y a los magistrados de la Corte que investigan la parapolítica. Con Mockus arriba en las encuestas, se le está diciendo a la clase política que se aferra siempre al poder que para ser político en Colombia no solo se necesita ser un avión sino ser decente, honesto y leal con sus convicciones.

Yo no sé si Mockus va a ser el próximo Presidente de este país. Tampoco si es de izquierda, como dicen los uribistas, o si es de derecha, como lo afirma el Polo. De lo que sí estoy segura es de que es la mejor carta para enfrentar a la clase política tradicional y corrupta que ha gobernado este país. Y a mí eso me basta, así a los uribistas les parezca un imbécil.

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 


 

 

 

 

 

Revista COLOMBIA CULTURAL

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